Cuenta la historia que en aquel jardín reluciente estaba él, era fácil identificar porque era el único que nadie elegía en los días soleados para reposar en su sombra. Las familias pasaban por su lado, sin notar que el estaba ahí, él no aparecía en ninguna de esas tantas fotografías elegidas para el recuerdo del día familiar, las tardes de amigos o simplemente el encuentro de los enamorados, quienes preferían aprovechar los hermosos rincones del resto del jardín con sus tan brotadas rosas y margaritas.
Pero aunque él no era tan llamativo como el resto de las plantas de aquel lugar, sabía que el estaba allí por una sola razón: ERA EL ÚNICO TESTIGO DE LAS ALMAS EN PENA. Así es, cada día se sentaba junto a él algún ser tan triste y solitario como él. Sea cuál sea la razón, estas personas no se fijaban en otro rincón para desahogarse sino en este y eso alcanzaba ¡vaya a saber por que! Cada persona que paso por el, derramaba algunas lágrimas y continuaba su camino pero ahora un poco más tranquilo.Y a la vez, este árbol se alegraba de haber sido testigo de aquellas personas y cómplice aunque sea por un instante. Sabía que muchas personas no lo tendrían en cuenta jamás, pero mientras alguien lo necesitara estaría allí para ser por un instante su compañía.

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